Pussy Boy Axel Abysse Trades Fists with FTM Porn Boy Cyd St. Vincent
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Inky Rockwell “The internet's favorite nyphomaniac FTM femboy slut!” así se anuncia en su canal de Pornhub. donde además se describe como femenino, androgino, sumiso e insaciable. El abanico de trabajadores sexuales trans es tan amplio como la vida misma. BDSM presente en sus videos, donde además de demostrar no tener ningún problema con su femeneidad, la explota al máximo. Toda una puta el amigo. Si te gusta la tortura genital y el orgasmo forzado, hay un video de 13 minutos deli-cioso donde le hacen el sin-respeto con un Hitachi, plus: privación sensorial e inmovilización.
https://es.pornhub.com/model/inky-rockwell
Este documental fue traducido y subtitulado por Neptuno y Francisco Fernández; y exhibido en el festival hot A la cama con Buck Angel, organizado por el Frente de Trans Masculinidades en La Sala de Caballito, abril de 2019. Noche que además incluyó un delicioso compilado de placeres sensuales de distintas texturas: ferias de insumos eróticos, kiosco de bondage a pedido, puesto de lustrado de botas, y directamente un dark room.
En esta época que sobrevalora la desesperación por posicionamientos falsamente transparentes e inequívocos y atajadas innecesarias por sobre el placer exploratorio de la piel, no respaldar a Buck Angel en todo lo que hace no nos impediría disfrutar de este material ni por todos los créditos del sentido de Lo Que Es Aceptable que pudieran haber. Preferimos hacernos la paja y por eso acercamos este documental.
Para ver la peli hacé click en la imagen de abajo, se abre en una ventana nueva. Si los subtítulos no aparecen automáticamente, activalos haciendo click en el ícono CC del video.
Existimos y nuestra existencia vale y aporta un testimonio. ¿Qué hacemos con el testimonio de aquellas personas que atraviesan malas experiencias dentro del trabajo sexual? ¿Cómo lo hacemos valer?
La experiencia que comparte el redactor, es definida en palabras donde claramente expresa haber trabajado 1) desde la necesidad 2) bajo una situación autopercibida como de vulnerabilidad 3) bajo experiencias de abuso.
Nos parece interesante para pensar en situaciones donde asumimos riesgos, riesgos que muchas veces no son contenidos más allá del entorno o núcleo de trabajadorxs sexuales locales (que se agrava por la escasez de derechos y recursos que existen en nuestro entorno por el no reconocimiento del trabajo sexual como trabajo formal), e inclusive son riesgos creados e impuestos por el mismo sistema socio-medico-cultural-político que lo rodea. Por ejemplo: en Argentina por las leyes que giran en torno al trabajo sexual, si sos prostitutx y sufrís una situación de abuso, la desición de hacer una denuncia o recurrir a un hospital implica afrontar situaciones de violencia y discriminación en estas instituciones por el simple hecho de anunciar ser trabajadorx del sexo, ya que es una actividad criminalizada por las leyes en el territorio, y por la mirada tabú u odiante de una sociedad represora de la libertad sexual que juzga a trabajadorxs sexuales como algo “malo y reprochable”.
Lo que nos cuenta Milo Scanlon ee el testimonio también de las mejoras que, pasando los años y desarrollando herramientas de contención, se dieron dentro del ámbito laboral del trabajo sexual en su localidad. Las “experiencias malas” pueden denotar también el surgimiento de sistemas que permitan la reducción de daños. Lo cual en nuestro contexto historico-territorial es también un problema, son practicamente inexistentes las herramietnas para la pervención de situaciones de riesgo en lo que es el trabajo sexual, empezando porque vivimos en un estado abolicionista, que nos criminaliza y persigue.
Las personas que atraviesan la experiencia del trabajo sexual pueden hacerlo desde el deseo, desde la necesidad, desde ambas u otras, pero pueden experimentarla tambien bajo circunstancias violentas, de abuso, de maltrato, inclusive ejercerlo por necesidad bajo condiciones de precariedad e inseguridad absoluta. Es una realidad, pero tambien es una realidad que se da en cualquier otro ámbito laboral. El trabajo sexual es trabajo y como tal puede reproducir condiciones de precariedad y violencia como sucede en cualquier ámbito laboral. ¿Por qué tomar esas figuras que atraviesan experiencias negativas y utilizarlas para abolir el trabajo de muchísimas personas y NO para mejorar las condiciones (e instituciones) que amedrentan al mismo?
La nota es de contenido valioso, porque más allá de registrar la experiencia de un hombre trans trabajador sexual, también nos encuentra frente a ese sujeto que muchas veces contra su voluntad termina siendo utilizado con fines abolicionistas. En este caso la lectura es bastante clara y en primera persona: un chabón trans que habla de una experiencia mala en el trabajo sexual pero sin ir en contra del trabajo sexual.
Creemos que dar lugar a testimonios de experiencias de trabajo sexual que se conllevan bajo condiciones violentas debe ser una herramienta para liberar y mejorar, y no para impedir u oprimir. La experiencia de este trabajador sexual NO es intrínsecamente un aspecto negativo del trabajo sexual, sino un aspecto negativo extrinseco (externo) que deviene de la falta de sistemas que produzcan un impacto positivo en nuestros ambitos laborales y nuestra calidad de vida.
En Octubre del 2019 se realizó por segunda vez una actividad conmemorativa por el día de la Bisexualidad, en la Sala de Caballito. El evento se llamó "Bisexuales, exageren! Edición Cabaret: No estamos confundid*s, somos confus*s". Se presentaron distintas performance, dentro de ellas Mirko Wolffie y Neptuno Stardust (ambos taxi boys) realizaron una sesión de BDSM en vivo.
Parte del público fueron las chicas de La Pez en Bici, que unas semanas después los invitaron a hablar sobre trabajo sexual y BDSM.
Esta pelicula fue proyectada por la Asamblea de Maricas y Bisexuales (AMB) en 2017 en Casa Jauregui (CABA).
El siguiente texto pertenecea a la AMB, es una reflexión acerca de la pelicula, agradecemos la produccion de este tipo de contenido porque nos permite profundizar sobre el trabajo sexual y afectivo en otros contextos.
Puede accederse al film Shinjuku Boys subtitulado, en sus
versiones online (hay que activar CC para verla con subtítulos) o lista
para descargar en Archive.org (tanto el archivo de video -MPEG4- como su
respectivo subtítulo -SUBRIP- se pueden descargar yendo a la sección
Download Options a la derecha de la ventana, haciendo clic en la
flechita de descarga que aparece junto al nombre de cada archivo).
¡Salud!
Shinjuku Boys - Kim Longinotto y Jano Williams (1995)
AMB presenta
“Shinjuku Boys”
“Shinjuku Boys” es un documental de 1995
realizado por las directoras británicas Kim Longinotto y Jano Williams,
que registra las realidades onabe en el epicentro nocturno del distrito
de Shinjuku, Tokio. En Japón se conoce bajo el nombre onabe a todas
aquellas formas de masculinidad no cisgénero vinculadas al trabajo
sexual y a la industria del entretenimiento nocturno (dimensiones que se
integran en la llamada mizu shobai o el circuito del agua, que incluye
saunas, casas de masajes, cabarets, zonas rojas y clubes de geishas),
que comenzaron a ser socialmente reconocidas a partir de la
proliferación de clubs onabe después de la Segunda Guerra Mundial. Los
onabe son personas que se descalzaron de la identificación mujer que se
les asignó al nacer: muchos de ellos son hombres, otros no se
identifican de esa manera. Sin embargo, el sentido de la palabra onabe
no da cuenta tanto de una categoría identitaria en sí misma, sino que
refiere a la historia de toda una tradición ocupacional puesta en
relación con el género, tradición que en términos occidentales podría
llegar a empatarse con la figura del scort o el acompañante sexual (por
su asociación casi inmediata con los distritos de las luces rojas,
muchas personas transmasculinas reniegan de este término, considerado
ofensivo para muchos). En efecto, los onabe son, ante que todo, host,
anfitriones, servidores, ídolos y caballeros de compañía; trabajadores
sexuales que productivizan el carisma erótico
y social de su masculinidad encarnando un arquetipo cultural específico. Famosos por igual entre su asidua clientela masculina y femenina, los onabes son contratados para traer a la vida estas fantasías solicitadas (que bien el repertorio de boy bands desde los ‘80 en adelante supo reflejar a la perfección): los hay reacios y misteriosos, provistos de un encanto que la distancia hace brillar; diligentes y románticos, según la tradición del príncipe azul (en Japón, la figura de “prince” no se restringe a ningún género o cuerpo alguno, sino que refiere a aquel lugar social de la galantería masculina cotizada y fetichizada por el consumo femenino); inocentes, vulnerables y tímidos, buscando protección; hooligans pendencieros y revoltosos, que dejan a sus seguidor*s especulando con un posible corazón roto sellado al vacío tras una imponente campera de cuero.